CRÓNICA DE LA RUTA: PUERTO CASTILLA (GATA) 7-4-2013


Podríamos empezar diciendo, la pereza que resulta levantarte a las 6 de la mañana, para montarte en un autobús y viajar durante casi 3 horas, y posteriormente andar 13 km, sin embargo, algo debe tener esa actividad, del senderismo, que la hace atrayente y fascinante. En este sentido, y en contrapartida, al madrugón y el viaje, quedan los argumentos; del paisaje, de la actividad física, del conocimiento de nuevos pueblos, de las risas, del valor del esfuerzo, del juntarte con los amigos, y de charlar y hablar con los lugareños del pueblo, por esta razón la crónica se podría titular "Charlas en Gata con Eloy y Paulino, dos personajes, dos amigos para siempre"

Después de casi 3 horas de autobús, llegamos a nuestro destino, Gata, ese pueblo de la Sierra de Gata, arrasado por los últimos incendios forestales, pero aún así, nos sigue dejando rincones extraordinarios por su belleza paisajísticas. Tras tomar las primeras calles del pueblo, llegamos a la plaza, junto a la Iglesia, los soportales y el Bar Manolete, lugar que más tarde sería punto de reunión con nuestros dos amigos gateños. Allí, y antes de dar comienzo a la ruta, desayunamos: café, tostadas, migas,... como así pudieron saborear Antonio Díaz y su mujer Mari Carmen, al igual que Pedro Guerrero, Fabián Lavado, José y Kika, y nuestro querido peluquero Fernando, el cual perdió los guantes y el gorro en el bar, un mal menor, comparado con el ciclista que perdió la cartera e hizo la ruta en varias ocasiones.

Iniciamos la ruta tomando la salida por las empinadas calles de Gata, en dirección a la Ermita y los Riscos de San Blas, un salto de agua de una gran belleza, y en la que Domingo, ese senderista abulense, ya empezaba a clavar sus bastones de manera martilleante. Dicha ruta transcurría por una calzada romana empedrada, y que en sus primeros pasos era de gran dureza, lo que hizo asustar a Vicenta y Anita, no obstante, una vez pasada la Cruz, el terreno se hacía más llevadero permitiendo disfrutar de grandes panorámicas de la comarca. Tras varios kilómetros, cruzamos un lugar donde gran parte del grupo pudo realizar sus ansiadas fotografías para inmortalizar el momento junto a un puente romano con un doble arco superpuesto. Desde aquí, el camino nuevamente se hacía serpenteante hasta llegar a la Ermita de San Blas, donde un amable lugareño, con un mono azul, nos explicaba con todo lujo de detalles los motivos decorativos, alegóricos e imágenes que en ella había. Cabe destacar, que dicho lugar es venerado por un ermitaño, persona dedicada a la vida contemplativa, octogenario él, que en la actualidad se encuentra en delicado estado de salud, pero que diariamente subía hasta la Ermita desde la localidad de Gata, no cabe otro calificativo: "sus huevos ahí". Por cierto, destacar, que el primer fin de semana de Agosto, todos los gateños y gateñas realizan su romería en este magnífico paraje regado de cristalinas aguas y decorado con hermosos castaños, pinos y robles.

Tras dejar atrás la Ermita, retomábamos nuevamente el camino, para llevarnos a las inmediaciones de Puerto Castilla, un lugar situado a 1150 m de altitud, desde el cual accedimos a la antenas para poder disfrutad de las vistas de Castilla, pero la nubasidad y el abundante viento hacían poco agradable la estancia, por lo que decidimos bajar rápidamente tras realizar la fotografía de grupo por parte de un senderista valenciano, de los muchos que estaban haciendo la ruta, ya que además de éstos, también había un grupo cicloturista, así como, un grupo salmantino de mayores, todos ellos unos campeones y campeonas.

Algunos como Casimiro, Pedro Guerrero o Mª Nieves, aprovecharon un recodo para comer, no obstante, muchos otros, y otras, eligieron la opción de los alrededores de la Ermita de San Blas. El grupo formado por las hermanas Petry y Mari Rodríguez, Fernando y José, mi padre, optaron por esta opción, pero sin lugar a dudas, el grupo de Lola, Maribel, Esther, Juandi, Eva y otras acompañantes, fueron los que disfrutaron más de dicho paraje, junto a una fuente que invitaba a beber y hablar de manera relajada y amena como ellas hicieron.

Llegábamos nuevamente a Gata, por los pequeños corralones o espacios para guardar las cabras, y que Manolo Gutiérrez, comentaba que estaban en su mayoría abandonados, más abajo, Casimiro, Juan Gómez y Pedro Guerrero contemplaban las labores culinarias de unos ancianos que en un perolo estaban labrando su merienda dominguera, paella, situación que nos asombró a todos los que vimos aquella estampa, mientras, y no muy lejos de allí, Mª Nieves Seguro, se deleitaba tomando una instantánea a una prenda interior femenina que se secaba en una pequeña pila al sol, prenda que posteriormente sería objeto de risas y conversaciones pacifistas en el autobús.

Las cervezas, el vino y los licores nos esperaban en la plaza, así que todos nos pusimos manos a la obra, porque el esfuerzo y el entorno lo merecían. Fernando, Javier Gallego y Pedro Espinosa comentaban que la primera se la beberían como el agua, Pedro "el milano" y su grupo ya nos llevaba ventaja, Pedro Guerrero, Antonio, así como sus mujeres también hacían lo mismo, Juan Gómez, Manola y Edu saboreaban sus bocadillos, en cambio, el otro Casimiro, andaba por el pueblo enseñando rincones a todos los que querían conocer un poco más de Gata, entre ellas Vicenta, mi madre, que ese día cumplía 62 años. Pero el plato fuerte estaba reservado para Santos y Casimiro Amado, nuestro intrépido y grandioso guía, además de conocedor de mil y una historias, porque en el Bar Manolete, nos esperaban Paulino y Eloy, o Eloy y Paulino porque el orden no altera el producto, cuando realmente el resultado es exquisito, como el vino pitarrero de la Sierra de Gata.

Eloy era un amante de nuestra región, que trabajó en la carretera que une Torremegías y Alange en el año 1992, y que enjertaba castaños, y que subía en muchas ocasiones al Pico Jañona a lomo de su caballo y que no paraba de hablar con Santos, sin embargo, Paulino, era algo más singular, palco en palabras e intrépido. Vestía pantalón de senderismo beige, zapatos marrones, jersey oscuro, todo ello acompañado por un peinado deshilachado, semblante que lo adornaba con un poblado bigote oscuro que hacía escapar alguna cana y que entabló gran amistad con Casi, el cual le ofreció venderle vino de pitarra de cosecha propia en su casa. Allí fueron, a su casa, la de Paulino, Casi y el "presi", Pedro, a comprobar y saborear los distintos vinos que cultivaba Paulino, mientras en el bar, el camarero, se comía los aperitivos a pares, como pudo comprobar con sus propios ojos Javi Gallego. Al cabo, de un tiempo, volvieron nuestros dos queridos socios con tres botellas de vino, pero sin Paulino, responsable del plan Infoex en Gata, y el cual se había ido un poco perjudicado para otro lugar, no obstante, allí estaba con nosotros Eloy, que también se tuvo que ir en el panda blanco a enjertar castaños y hacer algunas "cosinas" en el huerto junto a su mujer, pero allí quedaba aún la camarera, Rebeca, una moza, a la que Casi le plantó dos besos una vez que la cogiera por el talle, que daba cierto aire a Dulcinea del Toboso, con esto no quiero decir, que Casi fuera nuestro querido Don Quijote que perdiera el buen uso de la razón por tan noble doncella.

En fin, la salida era para las 16:15 horas, pero fruto de la confraternidad y la amabilidad de los lugareños, la cosa se demoró un poco más, lo que permitió que las risas fueran más flojas y fluidas en el camino de vuelta, sobre todo en el grupo de atrás, y en que Lola se partía, y en el que compañeras no socias, como Paqui e Isabel, a pesar de ser de Puebla de la Calzada, disfrutaban de grandes carcajadas.

En definitiva, una ruta espectacular, como todas las que nos prepara nuestro querido amigo Casimiro, que por cierto, el martes 9 de abril celebraría su cumpleaños, junto a sus 3 botellas de vino, y que como siempre hay que agradecerle el magnífico conocimiento que tiene de nuestra región y de las rutas, así como de sus gentes.

HASTA SIEMPRE: PUERTO CASTILLA,
ADIÓS GATA.


Crónica de José Antonio Gil.

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