CRÓNICA DE LA RUTA: GARGANTA LA OLLA-MONASTERIO DE YUSTE-GARGANTA LA OLLA (PR-CC 80)

En honor al lugar que íbamos a visitar, comenzaremos nuestra crónica con estas palabras:

"Legua y media de Garganta
veinte leguas de La Zarza
habitaba una serrana,
alta, rubia y sanduguera.

Menos de vara y media de cintura
una cuarta de muñeca
con una mata de pelo
que a los hombros le llega.

Cuando tiene sed de agua
se pasea por la barra
cuando tiene sed de hombre
muestra su tatuaje donde termina la espalda."

Muchos, más que ellas, sabrán de quien les hablo, pero en su deber tiene, que fue una extraordinaria anfitriona que desbordaba atención y amabilidad, además de belleza. Pero prosigamos con la crónica que es realmente el asunto que nos atañe.

Partimos de La Zarza a eso de las 6:35 para recoger algunos compañeros, visitando localidades como San Pedro de Mérida, Torresfreneda y Miajadas, no sin algunos malentendidos, antes de llegar a Garganta la Olla sobre las 9:25 de la mañana, instante que aprovechamos para hacer algunas necesidades y tomarnos algunos café como es obligatorio, salvo Jorge, que vendió 13 papeletas de lotería y se comió una buenas tostadas como bien comentaba, lo que le hizo empezar la ruta un poco acelerado por la tardanza en su elaboración.


El inicio era precioso, al transcurrir junto a una zona de rivera adornada de alisos a uno y otro extremo junto al cauce de la Garganta Mayor, así, mientras dábamos nuestros primeros pasos, escuchábamos el sonido que producía el badajo al golpear las campanas en la iglesia del pueblo. Era el momento de hacer las primeras fotos, las primeras charlas, de romper los primeros sudores,... cuando comenzábamos una tímida ascensión entre robles y castaños, algunos de ellos de un porte majestuoso que ofrecían a los senderistas sus primeras castañas a modo de bienvenida.


La Vera, es una comarca extraordinaria por sus rincones naturales, paisajísticos, arquitectónicos, históricos y de sus gentes. En este sentido, una vez más, Casimiro Amado, "el huevero", o nuestro gran "profe", nos deleitó con una magnífica caminata, cortita pero de gran valor para la vista, por todo lo anterior comentado y que muchos agradecieron enormemente. Así, Mari Carmen, Carolina y Vicenta charlaban de lo bonito y verde que estaba todo, Javier Gallego y Mari Nieves de la espectacularidad de los castaños, otros de los helechos, en fín, todo eran halagos para Casimiro y Domingo, que por fin ganaba papeletas para hacer nuevas amistades dentro del Club después de su desacreditación en la Ruta de Cáceres.

Tras recorrer un sendero estrecho entre robles y helechos, llegamos a las inmediaciones del Cementerio Alemán que hay junto al Monasterio de Yuste, morada del Emperador Carlos V. Allí están presentes la vida y muerte de 26 y 154 soldados del ejército alemán de la I y II Guerra Mundial respectivamente, que perecieron en combate en tierras hispanas; es sin lugar a dudas, un espacio con algo de misterio y a la vez de sosiego por el sitio donde se encuentra todos reunidos. En dicho espacio, la compañera Karen, nuestra senderista de origen alemán, nos decía que según el apellido podía reconocer de que región era cada uno de los soldados que allí yacían. Basta un recuerdo para reconocer, que todos los conflictos bélicos generan un mar de lágrimas entre los familiares y amigos más cercanos que pierden a un ser querido y, que con el paso del tiempo, se da cuenta uno de la sin razón y la barbarie de la misma que supone no entenderse entre los humanos, a sabiendas que saben "razonar" y "comunicar".



Llegamos al Monasterio de Yuste para tomar nuestro merecido descanso, al igual, que para saborear los bocadillos o aperitivos que cada uno o una llevaba de su hogar, antes de proseguir el camino de vuelta a Garganta la Olla. Tras almorzar y refrigerarnos partimos nuevamente caminata hacia la loma de la pradera de piornal de Mojón Alto, a unos 800 m de altitud, dejando atrás un paisaje desolador, fruto de las llamas recientes de un incendio forestal que había arrasado un enorme robledal, el cual daba signos de rebrotar y de vida nueva pero lenta, según Domingo, hasta dentro de 10 años no volvería a retomar su esplendor anterior. Posiblemente, en lo más alto de este lugar, se vieran las mejores panorámicas de la Vera, Sierra de Tormantos y Gredos, junto a unas pequeñas orquídeas rosáceas que florecían a nuestros pasos. 



A partir de ese momento, comenzamos a descender de manera brusca un sendero pedregoso y estrecho, que Paquino, Santos, Ilde, Tere, mi tío Juan y yo lo hacíamos con gran rapidez, en cambio, mi madre Vicenta, se lo tomaba con más calma y sufrimiento; ya se sabe que los hijos se independizan pronto de su progenitora en el reino animal, en este caso yo era una cabra montesa, "te pido disculpas mamá". Durante el descenso, pudimos mojar nuestras manos en una bonita fuente escalonada a modo de abrevadero, Fuente Blanca, lugar donde se tomaron muchas instantáneas.


Después de muchos kilómetros volvíamos a pisar asfalto, cerca de las inmediaciones de la estatua de la Serrana de la Vera, en la que además de retratarnos pudimos disfrutar el oído, al escuchar recitar en grupo, las veinte estrofas que conforman el romance de la Serrana de la Vera y que Pedro Espinosa alentó a entonar. Tras darnos un aplauso y contemplar las vistas tan maravillosas que nos ofrecía Garganta la Olla, proseguimos marcheta hacia el pueblo.


Muchos de los que pasaron junto a la Garganta Mayor, tuvieron el deseo de darse un baño, pero muy pocos lo hicieron; la valiente Karen o Karin, como así la bautizaron algunos, al igual que Jaime y el cronista, pudieron disfrutar del merecido y refrescante baño, así como, la cartera de Pedro Guerrero, la cual se dio un chapuzón rápido y violento en las cristalinas aguas veratas sin permiso alguno, "coño, que se le calló". No obstante, también hubo baño interior para algunos miembros del Club, sin embargo, y como medida de privacidad, no daré nombre para preservar su intimidad como siempre hago.

Después de degustar cervezas, licores, bocadillos, castañas, dulces, muchos de nosotros, pudimos contemplar algunos rincones encantadores de la villa tanto por: sus fachadas, balconadas, mamposterías, adornos florales, callejuelas, bares, en este sentido, destacar la imagen que le vino a la cabeza a José Manuel Nogales al ver como jamones unas calabazas, al igual que le pasó a nuestro ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha que confundió gigantes con molinos, a su favor, hay que decir, que yo también los confundí, en cambio, las amigas Maribel, Eva, Lola y compañía jugaban al escondite por las calles más estrechas como si fueran adolescentes, ¡ay aquellos maravillosos años!


En fin, una jornada más de senderismo y actividad física saludable que no está reñida con el entretenimiento y el buen humor, así y a modo de epitafio final decir: 

"que la vida es agua, o que la vida no sería posible si no hubiera agua, si tenemos en cuenta que la orina es en gran parte agua, deberíamos decir que el camino de regreso no hubiera sido el que fue, si no hubiéramos hecho una parada para "fresnar" y dejar rienda suelta a nuestra agua interna, y es que está visto, que el agua nos da la vida" si no que se lo pregunten a Alonso, Jose Mari Tejá, Paquino, mi tío Juan, y principalmente a Santos y Casi, dos amantes de la vida.

Ruta a Garganta la Olla (fotos)


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UN SALUDO Y OS ESPERAMOS
EL PRÓXIMO 27 DE OCTUBRE
EN LA RUTA DE LÁCARA
(ESPARRAGALEJO)

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