RUTA VALLE DEL ESPERABÁN (HURDES) CRÓNICA DEL CLUB SENDERISTA PEÑAS BLANCAS DE LA ZARZA

   El sufrimiento y la superación física no se pueden entender hasta que no llegas a pasar una situación límite como tal en tu propio cuerpo, sin embargo, si tienes el apoyo de los amigos y amigas o la impresionante vista del paisaje de las Hurdes estos se convierten en el mejor analgésico que puedas tener ante tanto dolor, más si es una ruta de alta montaña como decía Coral más que una ruta de senderismo. Esa situación vivimos muchos de los que hicimos ayer la ruta larga por el Valle del Esparabán en las Hurdes con salida y llega a la pedanía de Castillo perteneciente a Pinofranqueado. Así en un día fabuloso, aderezado por un chocolate y un dulce típico hurdano que la organización ofrecía a los caminantes, empezó la IV Edición de la Ruta del Valle del Esperabán 2016, con 22,4 km por delante según las indicaciones de la organización y con más de 2000 metros de nivel acumulado, donde los 550 participantes de la ruta larga daban sus primeros pasos, la alternativa constaba de 11 km y comenzaba una hora más tarde.

Río Esperabán a la salida de Castillo, paisaje típico hurdano. Foto: José A. Gil


Mapas y perfiles proporcionados por la organización. Ruta circular con salida y llegada a Castillo.

   Tras las risas de por la mañana del autobús con los chistes de Javier Gallego, Jorge y el grupo de chicas de Almendralejo que no paraban de reír y llorar desde que montaron en Mérida, y la no menos entretenida conversación, de Juan y Paco Gómez, sobre las lindes de las fincas, a la cual me uní, todo hay que decirlo y de la que se enteró medio autobús, entre ellos Sesma y Mariló, pusimos pie a tierra sin saber lo que horas más tarde nos depararía la ruta más grandiosa que jamás haya hecho hasta el momento a mis 40 inviernos, al igual que para la gran mayoría de los socios y socias del Club Senderista Peñas Blancas de La Zarza.

 Miembros del Club posando en los primeros metros de la ruta. Foto: Javier Gallego.
Sendero junto al río Esperabán en dirección a Erías. Foto: José A. Gil

   Eran unos minutos antes de las 9 de la mañana, cuando el tamborilero empezaba a golpear su tambor acompañado de su flauta, y el que les escribe saludaba a un antiguo amigo de todos nosotros como es Luciano, maestro en Nuñomoral y uno de los organizadores de la ruta y con el cual tuve una anécdota, y es que continuamente me iba parando para hacer fotos con el móvil y en eso que me dijo: "José A. te paras mucho y así no llegas" y yo le contesté: "Es verdad, oveja que berrea pierde bocao" y a lo que Luciano me contestó "cabra coja no tiene siesta" despertando en mi una carcajada, y es que estos hurdanos tienen algo especial, siempre lo diré.

Luciano, uno de los organizadores y colaborador con el Club Peñas Blancas de La Zarza. Foto: Lot (organización)

   En fin, en un día soleado y caluroso para la fecha en la que nos encontrábamos, salíamos rápidamente por las calles de Castillo para tomar una senda que acompaña al río Esparabán y que da nombre a la ruta en dirección noroeste a Erías otra pedanía hurdana al igual que Castillo. En este tramo llano pero en ligero ascenso, pudimos pasar por las huertas que aún quedan a la rivera del Esperabán, quedando en la retina los numerosos saltos de aguas con los que la naturaleza nos brindaba a cada paso que dábamos, de ahí las numerosas fotos de los hermanos Gómez: Roque, Juan y Paco, o los primos Pedro Espinosa y Ángel Benítez, o Fernando "el peluquero" o el grupo de chicas de Almendralejo que con tranquilidad iban tomando instantáneas continuas con las que el paisaje salpicaba a los ojos. En los pocos menos de 4 km que van entre los dos núcleos rurales también pudimos visitar los Petroglifos de los Tesitos de los Cuchillos, un lugar interesante desde el punto de vista arqueológico que nos hacen recordar que el ser humano lleva aquí desde tiempo inmemorables junto al pico la Bolla, y digo esto, porque a muchos de nosotros como a Javier Gallego y Jorge no se les olvidará nunca este nombre.

Los hermanos Gómez: Roque, Juan y Paco. Foto: José A. Gil

Jorge cruzando el río Esperabán al inicio de la ruta. Foto: Javier Gallego.

   Allí, en Erías, a modo de bienvenida nos estaban esperando un grupo de personas ataviadas con ropas de la zona que escenificaban un pasaje típico de las mujeres hurdanas, que fuertes y vigorosas, han caracterizado a esta comarca extremeña con su pañuelo negro a la cabeza. Tras realizarnos la foto de rigor empezaba realmente la subida en dirección al Puerto de las Erías o Puerto Nuevo de Castilla a 1.187 m y desde donde se podía divisar toda la meseta salmantina al otro lado de la sierra. En este trayecto, los bosques de pinos, matorral de montaña, pequeños reductos de bosque mediterráneo, castaños y olivos, se entrelazaban con el ruido que las cristalinas aguas de los numerosos arroyos y gargantas realizaban a saltar de unas piedras a otras como si estuvieran jugando simpáticamente mientras los numerosos senderistas hacían sus oportunas fotografías para inmortalizar el momento.

En Erías con el grupo escenificando una situación de la mujer hurdana. Foto: María Ángeles (organización)

Pedro E. le hace una foto a Ángel Benítez, en una de las numerosas gargantas. Foto: José A. Gil.

Javier Gallego, Eva Barrero, Coral e Ilde, junto a una de las gargantas en la subida del Puerto de Erías. Foto: Ilde.

Tere y Nieves posan en las inmediaciones del Puerto de Erías con el marco incomparable de las sierras hurdanas. 
Foto: Javier Gallego.

   Tras coronar el Puerto de las Erías en el km 9 a casi 1200 m de altitud y degustar el primer avituallamiento hacía aparición un fenómeno meteorológico que hasta entonces no había estado presente, el viento, así difícilmente Roque era capaz de poder conseguir una imagen por donde andaba en ese momento por la virulencia del viento, por suerte, entraba de costado por lo que no dificultó mucho la marcha. Pero la dificultad no era tanto este agente meteorológico y si la orografía del terreno, primero asaltanto la Bolla Chica casi a 1.400 m de altitud y posteriormente la Bolla Grande a 1.519 m, una pared de algo más de un kilómetro en el que se ascendía más 200 m de desnivel, así fue, como a muchos y muchas de los senderistas este ascenso les hizo despertar el sentimiento de superación y desafío personal que conlleva competir contra las dificultades que impone la montaña. Aquí todos los que sufríamos tiramos de corazón, amor propio y pundonor, haciendo bien las palabras célebres de George Mallory "No puedo imaginarme descendiendo derrotado de la montaña", pues eso hicimos todos y todas, hacer fuerza y seguir hacia delante, subiendo la Bolla Grande y descendiéndola.

Imagen del ascenso a la Bolla Chica, 1.390 m. al fondo tierras salmantinas. Foto: José A. Gil.

   La Bolla Grande será una montaña que marcará para muchos donde está el límite o el comienzo para otra nueva experiencia con la montaña, el senderismo o las propias Hurdes; yo creo que Jorge y Javier Gallego se soñarán con la bolla, las carpas, el anzuelo, la boga, el lucio, el señuelo y todos los artilugios de pesca por las palabras tan hermosas que ofrecían a la Bolla. Aunque otros muchos otros no sintieran esa sensación de sobresfuerzo por estar acostumbrados o entrenados para este reto, sin embargo, no es menos cierto que la montaña está ahí y hay que superarla por pequeña que sea por lo que su esfuerzo es igualmente reconocible, y es que estar en forma es una ventaja, como le ocurría a Roque, Jesús Lozano, Nogales, Fernando, Pedro, Juanfran, etc.

Kiko Llanos junto a otros miembros del Club Peñas Blancas, en el punto geodésico de alto La Bolla a 1.519m
Foto: Javier Gallego.

Protegiéndose del frío y el viento posan a duras penas: Nieves, Jorge y Tere en el alto la Bolla. Foto: Javier Gallego.

   Tras descender la Bolla Grande llegamos al tercer punto de avituallamiento, en el Collado de la Zambrana en el km 16,4, donde unos huevos fritos con panceta nos estaban esperando, sin lugar a dudas, un aprovisionamiento que supo a gloria a más de uno y que además de ser curioso por estar a más de 1.300 m de altitud y en el paraje extraordinario en el que se hacía. Es de agradecer la labor de las chicas y chicos que allí estaban afanados por dar gusto a todos los senderistas que poco a poco llegaban a dicho lugar, como Miguel Sesma a cual le supieron a gloria bendita, como él suele decir. Paco Gómez tuvo el privilegio incluso de tomar cervezas que la organización tenía reservadas no se si para él, pero el caso que nuestro amigo Paco las cató y por partida doble, si no le llaman la atención se bebe un caja entera allí, los que estábamos alrededor y vimos el episodio nos reímos como auténticos niños, incluido yo, en ese momento se nos unía la compañía de Yolanda una antigua maestra de La Zarza.

Paco esperando a recibir sus huevos fritos y con su cerveza en la mano. Foto: Lot (organización)

   Tras comer y beber, te ponías en pie para superar la última dificultad montañosa, unos 400 m de ascensión que daban paso a un imponente paisaje a las Hurdes y en especial al nacimiento del Arroyo de la Zambrana en el que las cabras montesas hoy aún siguen respirando aires hurdanos y donde los buitres otean ese paisaje extremeño cuna de las más entrañables y fabulosas leyendas extremeñas. Pero todo lo que habíamos subido debíamos de bajar en apenas seis kilómetros, deparando un descenso peligroso, con piedras en forma de cuchillos que te hacían poner los 5 sentidos y la máxima atención para no disfrutar de un merecido resbalón, cosa que le ocurrió a Fernando Casado el cual rompió su bastón, por su parte a Nogales le parecía una barbaridad el descenso, Roque gran parte la hizo corriendo, Sesma venía sufriendo por amigos suyos que venían más atrás, como Paco y el que les escribe, José Antonio, Pedro en refrescarse los pies en el río Esperabán, en cambio Pedro, nuestro presidente, no veía el pueblo por ningún recodo y a Ilde, no se, él estaba disfrutando y deseando llegar al pueblo para comerse sus boquerones en compañía de sus amigos y amigas.

Miguel Sesma soñando en comerse los boquerones y chorizo de ciervo. Foto: Lot (organización)

Pedro relajando los pies y la circulación en las aguas del río Esperabán. Foto: David Corbacho.

   Llegamos a Castillo tras zigzagear no se el número de senderos, cortafuegos y pistas en las que nos estaba esperando un "caldito" con unas ricas migas junto a una camiseta conmemorativa de la ruta que incluía un llavero, no obstante, muchos otros y otras optamos por tomarnos unas cervezas en el único bar abierto del pueblo, junto a nuestros bocadillos, embutidos propios, incluso de ciervo, como el de Miguel Sesma o los boquerones del no menos amigo Ilde.

Descenso por un cortafuegos escarpado y peligroso camino de Castillo. Foto: José A. Gil.


Momento de relax y buenas charlas entre amigos (Nieves, Javier Gallego y Miguel Sesma), 
degustando unas buenas cervezas para comentar lo mucho que ofreció la ruta.Foto: Javier Gallego.

   En fin, una ruta preciosa pero la más dura que este cronista haya hecho. Es verdad que las Hurdes tienen algo especial y para bien, por muchas leyendas e historias negras que se hayan infundido, pero sus gentes, sus paisajes, sus arroyos, la hacen inigualable con un punto místico que la visten de un manto singular a la vez que peculiar y con ganas de repetir, aunque dudo que muchos se atrevan a realizar la opción larga de la Ruta Esparabán en próximas ediciones.

   Desde aquí queremos felicitar a la organización, la comunidad educativa del Instituto Gregorio Marañón de Caminomorisco por la acogida, por su trabajo de señalización y desbroce, recreaciones, avituallamientos, regalos, etc y siempre con ganas de ayudar y agradar cosas muy importante a destacar y alabar.

Pico La Bolla (1519 m) a la izquierda, nacimiento del Aº de la Zambrana, al fondo a la derecha Erías. Foto: J.A Gil.

   No quisiera despedirme sin quitarme el sombrero con Eva Barrero, Juan Gómez y Fernando Casado porque tras haber hecho en otra ocasión la misma ruta y sabiendo de su dureza volvieron a repetir en esta edición, si cabe con mayor exigencia, dicen que la cabra tira al monte, no seré yo quien les diga que son unos auténticos locos senderistas de los que hay que aprender, al igual que con Paqui González y su maravilloso bizcocho de naranja que pudimos degustar en el camino de vuelta ya con los ojos medio cerrados. Pero de todas las imágenes que se repitieron este día, me quisiera quedar con dos, una con el beso que le dio Nieves a su marido Javier Gallego cuando estábamos montados en el autobús camino de vuelta, que le supo mejor que el "réflex" que le habían dado en su gemelo porque no dio ni chispita de ruido ni volvió hablar siendo el mejor relajante de dolores que uno puede recibir tras haberse superado, y la otra instantánea fue la mirada de Paco Gómez al nacimiento del Arroyo de la Zambrana, Erías y el pico La Bolla. Eso es Las Hurdes, una mirada a uno de los lugares más espectaculares de Extremadura, y posiblemente de España, y de la que seguramente será muy difícil quitarse de la mente para los más de 40 senderistas del Club Peñas Blancas de La Zarza que en la mañana del domingo 24 de enero volvieron a sentir el placer de andar, disfrutar del paisaje y saber sufrir.

Paco con su mirada al nacimiento del Arroyo de La Zambrana, al fondo Erías. Foto: José A. Gil.

Como siempre mil gracias a tod@s por robaros un poquito de intimidad, 
y como dice nuestro gran querido Casimiro Corbacho:
"Camino fácil no lleva a ninguna parte".

Crónica: José Antonio Gil.

4 comentarios:

Kiko Llanos dijo...

Enhorabuena y gracias!.
Es imposible describir esta ruta mejor de lo que lo haces en tu artículo.

Casa rural Extremadura Ramajal - Genaro Gallego dijo...

Leyendote uno siente estar en el autobus o sufriendo por esos repechos que tantas veces hemos andado.felicitaciones

Mari Angeles dijo...

Enhorabuena y mil gracias por acompañarnos en este camino!! Os esperamos el año que viene!!!

Con autocaravana y sin ella dijo...

Gracias a tan estupenda descripción he podido hacer la ruta caminando a vuestro lado!!
Gracias!!

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