JEREZ DE LOS CABALLEROS, UN BUEN LUGAR PARA PERDERSE HACIENDO SENDERISMO.

   Bien valdría este título para indicar la belleza del lugar por donde pisaron nuestras botas entre encinas y alcornoques de la dehesa extremeña o para adjetivar una de las anécdotas más comentadas surgidas durante la ruta a los bosques celtas de Jerez de los Caballeros, como fue la pérdida de nuestro querido presidente del Club de senderismo Peñas Blancas entre la espesura de la arboleda. Pero no polemizaremos en cuál es más válida para sustentar la bandera del título de esta crónica, dando margen de decisión a la imaginación de cada uno de los senderistas del club que efectuaron la ruta.

Foto de grupo del club senderista Peñas Blancas de La Zarza, en la dehesa jerezana, 
en la mañana del domingo 6 de noviembre del 2016

   En una mañana fría, la primera de este otoño, un mar de nubes bajas nos ofrecía una postal majestuosa de la localidad del Valle de Matamoros, punto de partida de nuestra ruta hacia la mancha más importante de dehesa de encinas y alcornoques del suroeste europeo, como así, nos indicaba nuestro querido guía Casimiro Corbacho Amado. 

Inicios de la ruta. Al fondo la localidad de Valle de Matamoros.

Las primeras hojas caídas producto del frío y el viento nos indican que el otoño ya ha llegado.

   Tras una ligera subida por una zona boscosa el trazado nos llevaba hasta una zona menos poblada de arboleda y si algo más de cazadores que en sus primeras horas buscaban sus ansiadas presas en forma de perdices y conejos. De hecho, algunos disparos pudimos contemplar de manera muy cercana cosa que nos sorprendió teniendo en cuenta que había gente haciendo senderismo en dirección contraria al sentido de la batida.

Panorámica del grupo de senderistas por una zona abierta de arboleda compartida con los cazadores de la zona.

Jesús Lozano, de amarillo, en compañía de unos amigos realizando la Ruta los Bosques Sagrados de los Celtas entre las localidades de Valle de Matamoros y Jerez de los Caballeros.

Itinerario de la ruta.

Perfil de la ruta.

   Tras coronar una serie de montículos llegamos a una bonita construcción de madera y piedra que hacía de mirador y nos permitía ver gran parte de la zona que íbamos a recorrer.

Mirador sobre la dehesa jerezana.

   A partir de este instante nuestro sendero se adentraba en la dehesa pudiendo contemplar extraordinarios ejemplares de encinas y alcornoques, surgiendo a sus pies algunos hongos interesantes y, que Paco el botánico, veía a leguas y las cogía para sus prácticas universitarias del día siguiente con su alumnado universitario en el campus de Badajoz, lástima que las primeras las tuvo que guardar en una bolsa de plástico que Pedro Milanés le cedió ya que la cesta se la había olvidado en el coche. Pudo coger gran número de especies, destacando un boletus aereus, el cual nos comentaba que era de gran valor culinario el cual se podía comer incluso de forma natural o cruda sin ningún tipo de cocción ni aliño, pero no sólo divisó setas si no también otras especies florales como el tojo (arbusto espinoso) y que en estos momentos del año mostraba su hermosura gracias a unas diminutas flores amarillas que surgían en sus extremos distales. Del mismo modo, localizó en los majanos de piedra que emparedaban el camino pequeñas flores violetas que se correspondían con el azafrán silvestre, sinceramente, para mí, era la primera vez que escuchaba hablar de esta especie. La verdad es que hacer senderismo con Paco y Casi es disfrutar doblemente de la naturaleza gracias a sus conocimientos de botánica y biología por lo que debemos estar enormemente agradecidos.

Paco el botánico, junto a sus inseparables setas. Todo un libro abierto de botánica y sabiduría.

Senderistas pasando entre una zona de tojo florecido.

Flor violeta (en la imagen se aprecia blanquecina) del azafrán silvestre.

Dominga y Margarita descendiendo uno de los tramos de la ruta. En una imagen que se repetiría en muchas ocasiones y en la que querían salir bien guapas según sus propias palabras.

Imagen impresionante ente encinas y alcornoques.

   A medida que nuestras piernas avanzaban en el sendero éste se hacía más sombrío gracias a la cantidad de encinas y alcornoques que nos protegían del sol. El paisaje se convertía en un monótono pero espectacular paisaje dominado por estas dos especies florales, algunas como decíamos anteriormente de gran porte, otras venidas a menos por diferentes motivos pero que nos dejaban imágenes graciosas y algo sonrojantes.

Casimiro y Juan Gil rivalizan por ocupar el atril natural forjado en una encina ya seca.

Al final Casimiro se llevó el gato al agua.

   Realmente andábamos por una cuenca minera donde se ha extraído hierro desde época romana pero en el que el principal protagonista era el cerdo ibérico, ese animal tan característico y tan unido a la dehesa y a nuestra propia región. En este espacio, el número de individuos era notable corriendo de un lugar a otro buscando su sustento huyendo a medida que escuchaban nuestros pasos, conversaciones y estornudos de Franci Tejada, el cual más que realizar una ruta de senderismo estaba haciendo un acto de penitencia junto a su pañuelo de papel.

Cerdos ibéricos en su hábitat natural, la dehesa, disfrutando de las bellotas, el sol y la otoñá. Foto cedida.

Al amparo de alcornoques que ofrecían grandes manchas de sombra.

Santos, Felipe con sus polainas y Cándido con el móvil viendo a su Real Madrid.

El cerdo ibérico gran protagonista de la ruta, nos dejaba estampas espectaculares buscando sus queridas bellotas.

   Tras recorrer varios kilómetros y de abrir numerosas cancelas de distintas fincas que se dedican al cuidado del ganado porcino y en menor medida vacuno, hicimos parada en una bifurcación de caminos para poder reponer fuerzas, entre el km 8 y 9, de los 19 que constaba la ruta en su totalidad. Decir, que en nuestro caminar, también coincidimos con un grupo de cicloturistas que con sus bicicletas de montaña también disfrutaban de una jornada de deporte en contacto con la naturaleza en un espacio medioambiental privilegiado para la vista y el oído.

Imagen panorámica en un tramo de la ruta donde el recorrido hacía un giro de 90º

   Una vez respuestas las fuerzas el club se puso nuevamente en marcha poniendo una marcheta intensa y veloz que dividió al grupo. En este instante, las constante entradas y salidas de fincas se hicieron más continuadas, fue en una de éstas, donde un gran número de senderistas se despitó no viendo las señales que en el suelo hacían sus compañeros antecesores con los bastones. No obstante, pudimos subsanar esa confusión para reagrupar al grupo salvo a dos individuos: Jorge Franco y Pedro Espinosa, a la postre el presidente del club, que hablando, hablando y entre el frondoso bosque de encinas se habían perdido yendo a parar a una carretera que les indicaba Jerez a 5 km. Sin embargo, el resto del grupo tampoco los había echado de menos hasta que no pasaron al menos 2-3 km situación realmente curiosa. Ante esta anécdota algunos miembros del club querían que dicho acontecimiento no se pasara por alto y se destacara en las redes sociales de manera jocosa para jactase de ellos, surgiendo incluso posibles titulares: "El presidente del Club de senderismo se pierde en tierras jerezanas" o "El presidente del Club senderista Peñas Blancas de La Zarza se pierde con Franco (Jorge)", en definitiva, las risas estaban servidas y los comentarios eran sugerentes a la vez que graciosos, así que a nuestros dos protagonistas le lloverían multitud de comentarios al reencuentro con todos los demás senderistas a la llegada a la ciudad templaria.

   Sin embargo y a pesar que este pequeño grupo había hecho unos cuantos metros más, nadie tenía dudas de que el perro de Jesús Lozano, Pegüi, era de todos el que más kilómetros había realizado en la jornada, yo me atrevería a decir que casi el doble. Pero volvamos a los orígenes del nombre de Pegüi. Según su dueño, Pegüi, es un bodeguero, que al nacer era muy pequeño y como a él (Jesús), desde su niñez se le dio muy mal pronunciar el fonema /r/ de ahí que le pusiera el nombre de pego en vez de perro, pero como el animal era muy pequeño le puso Pegüi, además, así lo diferenciaba de otros "can" que se llaman Pepe, Pepo, Pepi, Pepa,... de esta manera cuando lo llamaba en un parque sólo le obedecía a él. No obstante, a Margarita el nombre no le hacía mucha gracia porque ella prefería nombres como Martín, Pepe,... es decir, algo más naturales, sin embargo, tampoco le faltaba razón a Jesús y es que cada uno llama a sus mascotas como quiere si no que le pregunten a Michelle Obama que tiene un perro que se llama Bo y, es que en mi pueblo dices: ¡Booo! y es como si estuvieras diciendo: ¡de qué me hablas chacho! En definitiva, cada uno llama a los bichos como le da la gana.

Pegüi, el perro de Jesús Lozano, haciendo más kilómetros que el baúl de la Piqué, en este instante junto a Juan Gil.

   Pero para nombre curioso y, con esto no quiero despertar ninguna polémica ni risa, el del amigo Amable, un hombre de Almendralejo que junto a su esposa Fefi hicieron la ruta con nosotros, el club senderista Peñas Blancas de La Zarza. Pero si les digo la verdad fue una de las conversaciones con las que más disfruté en toda la mañana. Habían sido emigrantes en Alemania durante muchos años pudiendo disfrutar del respeto y la educación del pueblo alemán algo que de igual manera se aprecia en ellos a la hora de dialogar. Amable me indicaba que le encantaba hacer ciclismo, que cuando era más joven hacía hasta 3-4 horas diarias, ahora "solamente" realiza 30-40 km en bicicleta, toda una proeza para una persona de su edad al igual que nuestro querido socio José (el presidente del Hogar del Pensionista) que diariamente coge su bicicleta para realizar su ruta de 30, 40 y hasta 60 km; quien dijo que la bicicleta sabía de edades ni fronteras. Sin embargo, Amable me decía que la actividad física más dura y exigente que había hecho en su vida fue subir el Puerto de Honduras en BTT por auténticas paredes de piedra. 

Amable en uno de los tramos ya cercanos a Jerez de los Caballeros

Fefi camina sola entre encinas cerca de la finca Campo Gallardo.

   Es difícil no encontrar risas, sucesos, anécdotas,... cuando uno realiza una ruta de senderismo. Así fue como en las cercanías de una explotación minera un grupo de vacas de grandes proporciones se interpusieron en el camino, situación que provocó el miedo y los reparos de Lola y David a la hora de proseguir su marcha, parecía más una postal de los San Fermines que una ruta de senderismo, además nuestra querida Lola llevaba un abrigo rojo que alimentaba la escena.

Mirada atrás de David Corbacho junto a Lola que no se fían de los cuernos y la actitud de la vaca. Por cierto, si la vaca se entera que Lola es hija de Mauro el de las roscas la vaca le aprieta los machos en busca de semejante manjar.

   Ya estábamos en las cercanías de Jerez y Cándido y Felipe, esa pareja inseparable, comentaban el resultado del Real Madrid y los goles de Bale, otras entre tanto hablaban del ritmo tan vertiginoso que se había puesto por la zona de Campo Gallardo y otros y otras... disfrutaban del senderismo como Juan y Bernardo y sus respectivas parejas.

Juan y Bernardo junto a sus esposas entre grandes alcornoques que muestran sus vergüenzas despojados de corcho.

Pequeño repecho poco kilómetros antes de llegar a Jerez de los Caballeros.

Miembros del club pasando por la finca Campo Gallardo.

José A., el cronista de esta ruta, disfrutando de una de sus pasiones: la naturaleza.

   Finalmente llegamos a Jerez, yo en la compañía del matrimonio Fefi y Amable, que me agradaron enormemente el último tramo de la ruta por su sabiduría, la forma de entender la vida y sus bonitas palabras hacia el colectivo de los docentes, al cual pertenezco. Tras callejear dimos por finalizada nuestra ruta en las inmediaciones de la Torre San Miguel, en las que ya estaban esperando otros senderistas y aquellos otros que no la habían realizado pero que habían disfrutado de una merecida visita cultural por la ciudad de los templarios como nos comentaban Martina, Carolina, Casi, Kika o José su marido.

   Era momento de comer y nada mejor que tomar viandas en algunos de los numerosos bares que posee esta preciosa ciudad del suroeste pacense. Casi todos nos declinamos por el mismo bar. Así, Santos, Pedro y Juanfran comentaban aspectos del vino y la calidad del mismo y cómo éste había evolucionado o de la problemática de la nueva ley micológica y de recogida de setas. Por otro lado, Pedro Espinosa, Casimiro y Ángel hablaban de la insistencia de poner como aperitivos aceitunas, cuando realmente a Ángel no le gustaban, en fin, para gusto los colores. Pero ¿y Paco el botánico?... Paco había ido a su coche a coger una cesta para seguir buscando sus amadas setas por castañares del Valle de Matamoros y es que la cabra tira al monte o mejor dicho, el que ama una cosa la quiere con locura y, es que nuestro amigo, es un apasionado de la naturaleza y en eso Extremadura es un auténtico paraíso y privilegiada. 

   Tras saciar y dar vida al estómago, la mayoría de los expedicionarios no dejaron de pasar y visitar el restaurante La Ermita, un precioso y curioso alojamiento de restauración situado en el interior de una construcción eclesiástica restaurada como bar. En él, nos pudimos tomar un merecido café, a la par que visitábamos la eucaristía reconvertida en aseos. Los más atrevidos no dejaron la oportunidad para confesar a algunos amigos, principalmente Juan, el marido de Mariló, hizo horas extras, aunque a decir verdad, la perilla que llevaba le daba aspecto de sacerdote de otra época que imponía respeto y sobriedad.

Casi, el expedicionario de la ruta, junto al "presi" Pedro, en el restaurante La Ermita disfrutando de una buenas cervezas, aunque el "presi" nos había sacado ventaja y ya llevaba unas cuantas más gracias a su perdida. 
No hay mal que por bien no venga.

   Los últimos coletazos de la ruta eran para disfrutad de las magníficas vistas de la ciudad, sus monumentos y calles. En este sentido, David Corbacho, obtuvo algunas instantáneas extraordinarias que más valen un premio a la vista y la recreación contemplativa. 

Fachada de la iglesia de San Bartolomé en Jerez de los Caballeros. Foto: David Corbacho.

Instantánea de David Corbacho con la iglesia de San Miguel al fondo.

Miembros del club junto algunas de las puertas de entrada y muralla de Jerez de los Caballeros. Foto: cedida.


Pedro, Juanfran y Santos junto a la Torre San Miguel en Jerez de los Caballeros.

   Todo llega a su fin, las campanas de las iglesias de Jerez de los Caballeros indicaban las 5 de la tarde hora de salida acordada, pero Jorge Franco tras perderse no las tenía todas consigo y es que hay un dicho que dice más vale prevenir que curar. Jorge no quería tener más sobresaltos y estar a buen recaudo y ser el primero en tomar asiento; valga esta imagen para ilustrar su intención.

Jorge llamando a la puerta del autobús para ser el "first" de camino a casa.

   En fin, una nueva ruta de senderismo dentro de las muchas de las que llevamos haciendo en estos más de 10 años de vida con nuestros socios y, otros no socios, a los que queremos igualmente y que nos agrada que nos sigan acompañando. Os dejamos con un vídeo de algunos momentos de la ruta.



NOS VEMOS EN LA PRÓXIMA RUTA

0 comentarios:

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...